La Reconciliación en el Catecismo

La Reconciliación en el Catecismo

La Inmaculada Concepción
La Inmaculada Concepción de María no se refiere a cómo fue concebido Jesús. Se refiere a la concepción de María, que nació sin ser marcada por los efectos del pecado original.

Los siete sacramentos
La Iglesia celebra siete sacramentos, agrupados en tres categorías: los sacramentos de la Iniciación (Bautismo, Confirmación, y Eucaristía) asientan las bases de toda vida cristiana. Los sacramentos de la Curación (Reconciliación y Unción de enfermos) celebran el poder sanador de Jesús. Los sacramentos al Servicio de la Comunidad (Matrimonio y Orden) ayudan a los miembros  de la Iglesia a servir a la comunidad.

Pecado
La Iglesia denomina pecados veniales a aquellas faltas morales que, aún siendo importantes, son de menor grado que otras. En el otro extremo están los pecados mortales, que  son las acciones que sabemos son seriamente erróneas, pero que aún así, libremente decidimos realizarlas. Tenemos la obligación de formar nuestra conciencia, de aprender lo que la Iglesia enseña respecto a lo que está bien y lo que está mal.

Perdón
El sacerdote no es quien perdona los pecados, sino que actúa como representante de Dios, ofreciendo la absolución mediante el poder del Espíritu Santo. Jesús instituyó el sacramento de la Reconciliación cuando les dijo a sus Apóstoles: “...lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo”. (Mateo 18:18) Confesarnos ante un sacerdote es una invitación a reconocernos responsables de nuestras malas acciones y nos reconcilia con la comunidad eclesial.

Sigilo sacramaental
La Iglesia no permite ninguna excepción en el  sigilo sacramental, el cual requiere que un sacerdote guarde absoluto secreto respecto a los pecados que ha escuchado durante el sacramento de la Reconciliación. “Tampoco puede hacer uso de los conocimientos que la confesión le da sobre la vida de los penitentes”, dice el Catecismo. (CIC 1467)

Recibir el sacramento
La Iglesia desea que recibamos sacramento de la Reconciliación por lo menos una vez al año. Si hemos cometido un pecado mortal, entonces debemos recibir la absolución sacramental antes de comulgar. Pero estos requisitos son lo mínimo. Estamos llamados buscar la reconciliación tantas veces como estemos necesitados de su gracia sanadora.