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Cinco lugares interesantes para encontrar a Dios en tu vida

El domingo pasado conocí a unos vecinos mientras caminábamos hacia la iglesia para la celebración de la Misa. Al dar vuelta nos encontramos de frente a la iglesia, mientras tanto, el hijo de nuestros vecinos (de sólo cuatro años) la apuntó con el índice y orgullosamente dijo: “Ahí es donde vive Dios”. Al igual que este niño, muchos caemos en la sutil trampa de pensar que la iglesia es el único lugar para encontrar a Dios. Si no estamos experimentando el encuentro con Dios en todas partes, posiblemente estemos perdiendo grandes oportunidades de ayudar al prójimo, de alcanzar la sanación, y el crecimiento espiritual.

1. En el trabajo
Las amistades que tienes, las relaciones que estableces, los logros obtenidos, la calidad y plenitud de conciencia con la que realizas tu trabajo, son situaciones donde puedes encontrar la santidad. Además de esto, el dinero que ganas para el sustento familiar y la estima que se tiene de ti como contribuyente para la marcha del mundo, ayudar a la construcción del Reino, o bien, ser un impedimento para el mismo. Día con día “nos cambiamos y presentamos” a trabajar donde encontramos más oportunidades para aprender acerca de nosotros mismos y así contribuir con nuestros dones a un mundo mejor.

2. En las relaciones difíciles
Es fácil amar a otra persona cuando todo va bien. Sin embargo, cuando hay sentimientos heridos, desconfianza, choques continuos, no sentimos que nuestras relaciones provengan de Dios. Precisamente en esos momentos es cuando experimentamos la acción de Dios en nuestra vida, acción que nos conduce a la sanación, la confianza y cooperación mutua. Pueden ser oportunidades para que corrijamos algunos comportamientos y ejercitemos algunas virtudes.

3. En nuestras fallas
Todos queremos ser héroes. Siempre queremos ser los cam- peones. Aun así, es un hecho que algunos fallaremos seriamente en nuestra vida. Sin embargo, cuando rebasamos nuestros límites, o incluso, cuando pecamos, nos volvemos a Dios para que nos acepte, tenga misericordia, y nos fortalezca para enmendarnos y no volver a pecar. Al momento de volver a Dios y al abrirnos a su gracia y perdón, nos convertimos en mejores personas.


4. En soledad
“Nuestro corazón no descansará hasta llegar a ti”. En lugar de que intentes llenar tu vacío interior con entretenimiento sin sentido o complaciendo tus anhelos, siéntate, toma tiempo y encuentra a Dios en ese vacío. Dicha tarea requiere de paciencia, coraje, y humildad, pero aun así, escucharás esa “vocecita” de Dios, que, aun en medio de tu vacío responde a tu soledad con el único amor que satisface plenamente.

5. En el placer
Mucha gente piensa que si se la está pasando bien, por lo menos algo, aunque sea pequeño, debe estar mal. No olvidemos que Dios nos da el mundo para gozarlo y vivir en él. Recordemos a san Ireneo: “La gloria de Dios es un ser humano plenamente vivo”. Por lo tanto, el placer es una experiencia de Dios, sea en el disfrute de la naturaleza, en el juego, en amarnos unos a otros, a través de la belleza, o en la sobrecogedora convicción de ser amados por Dios.