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Cultiva la empatía, piedra angular de la moralidad

Cómo educar hijos comprometidos con su realidad? El profesor de ciencias de la educación, William Damon dice que uno de los primeros y más importantes pasos para infundir la moral en los niños es alimentar su capacidad de vivir la empatía. De acuerdo a Damon, “la empatía por quienes están en problemas” es uno de los “elementos de la moral universal”. 

La buena noticia para los padres de familia es que la empatía surge naturalmente en los niños en una edad temprana y crecerá si ésta se alimenta. No necesitas buscar o acudir a eventos especiales para que esto suceda. La mejor educación moral de los hijos se realiza en las situaciones diarias cuando los adultos se involucran activamente en la vida de los niños. Te presento algunas oportunidades ordinarias con las que puedes cultivar la empatía en tus hijos (as):

1. Detente ocasionalmente mientras lees alguna historia o ves alguna película con tu hijo y pregúntale: ¿cómo crees que se siente el personaje? No hay respuesta correcta. La idea es motivar en tu hijo sentimientos de empatía y que lo ayudes a reflexionar. Tales preguntas le dan a tus hijos la posibilidad de ampliar su capacidad de ser sensibles a las necesidades ajenas y les ayuda a cimentar sus acciones futuras en la compasión y no en el egoísmo.

2. Cuando tu hijo está pasando una experiencia difícil con algún familiar o amigo, pon atención a sus sentimientos y expresiones.  Pregúntale si él o ella puede expresar los sentimientos que la otra persona puede estar teniendo al respecto. El objetivo de este ejercicio no es ignorar los sentimientos de tu hijo, mucho menos hacerlo que se sienta mal, sino que estás buscando que tenga una idea clara de todo lo que ocurre.

3. Crea un clima seguro en el que tu hijo se responsabilice por sus acciones buenas y malas. El profesor Damon dice que “no hay un facilitador más efectivo en el desarrollo moral que aliente en los niños el deseo de asumir la responsabilidad por sus acciones buenas y malas”. Puedes hacer que este deseo se haga realidad respondiendo tranquilamente, incluso cuando tu hijo haya cometido acciones incorrectas. Aun así, tu hijo puede experimentar las consecuencias, incluyendo el escuchar atentamente tus expresiones de descontento o coraje. Si te dejas dominar por tus emociones harás que tu hijo suprima su deseo de admitir sus faltas.