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Honestidad

Sócrates dijo que “No vale la pena vivir una vida sin cuestionarse”. En otras palabras, entre más sepamos acerca de nosotros mismos, tendremos más oportunidades de vivir una vida feliz. Para los cristianos, el conocimiento es una virtud porque nos dice mucho acerca de tres realidades que necesitamos saber: acerca de nosotros mismos, el mundo y Dios.

Necesitamos saber cómo hacer muchas cosas. No obstante, necesitamos saber algo más que el cómo hacer las cosas; necesitamos conocernos a nosotros mismos. Entre más sepamos acerca de nosotros mismos, de lo que nos hace fuertes y de lo que es más importante para nosotros, podremos tomar mejores decisiones. Una parte importante del conocimiento de nosotros mismos implica conocer nuestras propias limitaciones. Sin importar qué tan intensamente lo busquemos, jamás podremos saberlo todo.

Conocernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea puede llevarnos a un conocimiento más profundo, al conocimiento de Dios. Hemos sido creados para amar y conocer a Dios. Hay algo dentro de nosotros que ansía acercarse más aun a nuestro creador. Respondemos a este anhelo de comunión con Dios al ver en su obra creadora la complejidad y belleza de la naturaleza. En nosotros mismos podemos ver al Creador (Génesis 1:27).

El conocimiento, enseña la Iglesia, es un don del Espíritu Santo. Entre más sepamos y más usemos ese don, más cerca estaremos de nosotros mismos, de los que están cerca de nosotros y del Dios que nos creó a todos.

Por Joel Schorn, coautor de An Interrupted Faith, Loyola Press