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La historia del Sacramento y el desarrollo de la Confirmación

El Espíritu está presente en la Iglesia; se mueve y comunica su aliento donde quiere. Asimismo, permite que los eventos históricos y culturales formen la práctica y entendimiento de nuestra fe. Un notable ejemplo de esto es la historia y la teología del Sacramento de la Confirmación. La forma en que hemos celebrado el sacramento a lo largo de los siglos y la manera en que lo hemos entendido ha tenido cambios muy notables. Es casi universalmente aceptado que es una celebración del Espíritu dentro de nosotros y una occasion para reafirmar nuestro Bautismo. También es cierto que existen diferentes escuelas de pensamiento en lo relacionado a su significado, finalidad y edad conveniente para recibir este Sacramento.

La Confirmación en la primera Iglesia
En la primera Iglesia los tres sacramentos de iniciación: Bautismo, Confirmación y Eucaristía, se celebraban en la misma ceremonia con adultos catecúmenos en la Vigilia Pascual. Los catecúmenos descendían a una fuente en la que eran bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Después de que ascendían, se les vestía de blanco, el obispo les imponía sus manos y les ungía con el óleo. Luego iban en procesión a un lugar de honor en medio de la comunidad donde participaban en la Eucaristía por primera vez. De esta manera, su iniciación consistía en un único evento con varios momentos. El climax era la celebración de la Eucaristía.

La separación de la unción del obispo del momento del Bautismo ocurrió por muchas razones en la Iglesia en Occidente. La proclamación que hizo el emperador romano Constantino de que el cristianismo era la religión oficial del Estado, en el Siglo IV significó, entre muchas otras cosas, que los bautismos se dieran en grandes cantidades. El cristianismo se extendió desde las ciudades a los campos rurales. Esto hizo que fuera imposible para los obispos, envueltos también en asuntos de gobierno de la Iglesia, el presidir todos y cada uno de los bautismos. Los obispos de Oriente resolvieron el problema al delegar los Sacramentos de Iniciación al presbítero, y se reservaron para ellos la consagración del óleo que se emplea en el rito. Hasta el día de hoy en las Iglesias de Oriente la iniciación se celebra con los tres sacramentos a la vez. Los obispos en Occidente también delegan el Bautismo a los sacerdotes, no obstante, retienen la función de hacer la unción final y la imposición de las manos. Lo celebran cuando visitan una localidad particular, una parroquia o un pueblo. Así pues, la celebración de la Confirmación en la Iglesia de Occidente se llevó a cabo mucho tiempo después del Bautismo. En los países de América Latina, especialmente en tiempos anteriores y con diócesis muy extensas, muchos infantes, niños de muy corta edad, eran confirmados cuando el obispo hacia la “visita pastoral”, que era con intervalo de muchos años. Ahora las diócesis son más pequeñas; hay más obispos y se prefiere que este Sacramento sea recibido en edad más avanzada.

La teología de la Confirmación
El Bautismo era el sacramento del don inicial del Espíritu, en tanto que la Confirmación era el sacramento de la plenitud del Espíritu con sus siete dones. Cuando en la Edad Media se hizo común la práctica de confirmar cerca de la adolescencia en lugar de celebrarlo en la infancia, los teólogos comenzaron a enseñar que la Confirmación era el sacramento de la madurez. Quienes la recibían eran considerados lo suficientemente mayores y listos como para vivir una vida cristiana activa y responsable. La persona cristiana era sellada como testigo de Cristo en la Confirmación y recibía la fortaleza en el crecimiento de los dones del Espíritu para luchar, sufrir y morir por la fe. La noción de que el sacramento hace de esa persona un soldado de Cristo prevaleció. El signo de la paz en el rito fue reemplazado por una gentil palmada en la cara en señal de que esa persona estaba lista para las luchas de la vida.

Teología de la Confirmación hoy
Hay personas que aún siguen viendo al sacramento de la Confirmación como el sacramento de la madurez. Sin embargo, este sacramento no implica que el candidato ya esté suficientemente maduro en la fe. Tampoco significa que la unción del crisma produzca instantáneamente esta madurez en esa persona. La conversión a Cristo es un proceso gradual al cual la Confirmación añade más fuerza. Por medio de este sacramento, la persona confirmada se hace más fuerte para el largo caminar por la vida.

El pensamiento actual sobre la Confirmación ha recibido orientación por medio de los documentos de la Iglesia que ven la Confirmación como un sacramento relacionado integralmente con el Bautismo y la Eucaristía. Estos sacramentos juntos constituyen un proceso por el cual el Espíritu conduce al creyente a la plena unión con la comunidad. La Confirmación no completa el Bautismo como si este hubiese quedado incompleto. Más bien, los dos sacramentos están unidos en el proceso de iniciación. La Constitución sobre la Sagrada Liturgia establece que “Revísese también el rito de la confirmación, para que aparezca más claramente la íntima relación de este sacramento con toda la iniciación cristiana” (71). El Catecismo de la Iglesia Católica, citando la Constitución dogmática sobre la Iglesia, dice: “El Sacramento de la Confirmación (a los bautizados) los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo” (1285).

La Confirmación está igualmente asociada con la Eucaristía donde el Pueblo de Dios se une para celebrar la muerte y la Resurrección de Cristo. Cuando la Confirmación precedía a la Primera Comunión, se entendía fácilmente como una preparación hacia la plena participación en la comunidad. Fue hasta 1910, cuando el Papa Pío X aprobó que los niños de siete años recibieran la sagrada comunión, que la Confirmación pasó a ser el último sacramento de la Iniciación Cristiana en celebrarse. Ahora el papel de la Confirmación como un sacramento que lleva a la Eucaristía debe enfatizarse de otras maneras, más allá del orden cronológico. La Iglesia logra este objetivo por medio de la catequesis, las palabras del rito y la celebración de la Confirmación dentro de la misa.

La Confirmación celebra la plenitud del Espíritu Santo en la Iglesia. El Espíritu de Jesús, el mismo Espíritu que transformó a los apóstoles, viene sobre los miembros de la Iglesia. De acuerdo con la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, por la Confirmación los católicos quedan “más perfectamente insertados en la Iglesia” y están “como verdaderos testigos de Cristo, más estrictamente obligados a difundir la fe por palabras y obras”. La Confirmación sella a los creyentes en el Espíritu al ungirlos y al darles poder de llevar adelante la misión de Cristo.


Texto tomado de Confirmados en el Espíritu, un programa catequético para la Confirmación publicado por Loyola Press.