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La oración misma es una respuesta a nuestra oración

¿Cómo funciona la oración? Si queremos crecer y madurar espiritualmente, muy pronto nos daremos cuenta que orar no es lo mismo que introducir monedas a una máquina, empujar unos cuántos botones y agarrar lo que hemos comprado. La oración es una relación. Tiene que ver con la transformación interior más que con la entrega de un producto. El Catecismo de la Iglesia Católica dice que la oración es: “la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes”.
 
Es en esta elevación del corazón hacia Dios donde radica toda su fuerza. Aun el mismo Carl Jung, el famosísimo psiquiatra, reconoció el valor de esta acción cuando escribió: “Lo que más me interesa de mi trabajo no está relacionado con el tratamiento de la neurosis, sino con la manera en que nos acercamos a lo numinoso, esto es, al misterio de lo sobrenatural. El hecho es que esta aproximación o acercamiento al misterio constituye la verdadera terapia y entre más se esfuercen por alcanzar lo numinoso, más fácilmente podrán liberarse del daño patológico”. Lo que me parece importante de este sabio consejo es que una vez que tenemos una experiencia vital y personal del Dios vivo, nos liberamos de nuestra ansiedad así como de nuestras tendencias pecaminosas.
 
Por lo tanto, sea consciente de que al hacer oración, ya está disfrutando en ese preciso momento la solución a lo que en ese momento le aflige.