La confianza en Dios

La confianza en Dios (El ayuno)

El ayuno nos recuerda nuestra dependencia total de Dios. Durante la Cuaresma, el hábito del ayuno (o abstención) desvanece nuestra illusion de autosuficiencia y nos invita a reconocer que Dios nos provee todo lo bueno y nos sostiene en cada momento. El ayuno nos deja una idea más clara de lo que somos ante Dios. Cuando resistimos la tentación de satisfacer cada impulso pasajero, tenemos el tiempo y la claridad para ver lo que realmente anhelamos: una conexión y una relación con Dios, fuente de toda vida.

Todos los viernes de Cuaresma, los católicos se abstienen de comer carne (incluida la de aves) y cualquier producto cárnico. Esta regla concierne a todos los católicos mayores de 14 años. Además, el Miércoles de Ceniza (comienzo de la Cuaresma) y el Viernes Santo, los católicos entre 18 y 59 años de edad ayunan con una sola comida completa que no contenga carne y dos comidas más pequeñas sin comer nada entre las comidas.

Se alienta a los católicos a ayunar y abstenerse de las cosas que quizás ocupan un lugar demasiado relevante en su vida. Por ejemplo, en esta era de la tecnología, nuestra mente está constantemente “alimentada”. Estamos tan acostumbrados a estar “conectados” que una hora sin internet, correo electrónico, mensajes de texto o llamadas telefónicas puede parecernos una tortura. Compare la cantidad de horas que pasa en línea a la semana con el número de horas que dedica a la oración o incluso a escuchar o ayudar a otros. No hace falta pensarlo mucho para percatarnos del tipo de alimentos con los que alimentamos nuestro cuerpo y nuestra mente. Esta “dieta” puede cambiar nuestra relación con Dios. Contemple la idea de simplificar su vida en este tiempo de Cuaresma. Elimine una distracción de su vida diaria e invite a Dios en el espacio que queda.

Anime a sus hijos a que también renuncien a algo. Abstenerse de los dulces o los refrescos durante la Cuaresma puede llegar a ser un hábito espiritualmente saludable para ellos. Ayúdelos a observar los cambios espirituales que se producen en ellos mismos cuando se privan de sus comidas o golosinas favoritas.