Ir de peregrinacion

Ir de peregrinación

La práctica espiritual de peregrinar a un lugar sagrado es muy relevante para nuestras familias. Muchas personas se aventuran a esta experiencia, sea por aire, tierra o a pie. En todo esto hay un valor inquebrantable: el deseo de encontrarse con Dios y de hacer una jornada espiritual en la propia vida. Esta experiencia les lleva a algunas conclusiones:

1. No sólo es el destino lo que importa, sino cómo llegamos a él. La peregrinación y su preparación, es tan importante como el destino final. Cada parte del proceso es una oportunidad para experimentar a Dios, tanto en nosotros mismos como en los acompañantes.

2. Todo viaje, aun los “viajes pequeños” de nuestra jornada diaria, pueden ser sagrados. Debemos preguntarnos si somos turistas o peregrinos. ¿Es la diversión, el descanso o el desafío que vamos a encontrar en en la playa, en nuestro país de origen, un fin en sí mismo o está misteriosamente unido al propósito de nuestra vida? Aun un viaje de negocios puede transformarse en un viaje sagrado, cuando la oración es parte de tu equipaje
.
3. No hay nada como tu propio hogar. Al final de una peregrinación, no sólo volvemos a nuestro hábitat, sino que también volvemos al lugar interior en el que Dios habita desde siempre. En este nuevo ‘lugar’, las verdades de nuestra experiencia nos llevan a tener un nuevo conocimiento de nosotros mismos. Nuestra nueva experiencia de Dios, nuestros compañeros de viaje, e incluso nuestro propio ser, no debe empacarse en las maletas, sino más bien, ser parte de nuestro ser.