Tres mensajes divinos para vivirse

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Tres mensajes divinos para vivirse

Cuando la vida se torna difícil,  volteamos hacia nuestro núcleo de creencias esperando que éstas nos ayuden a encontrarle sentido a la realidad. En esas circunstancias, podemos decirnos a nosotros mismos: “esto tiene qué pasar”, “yo me lo busqué”, o “Dios proveerá”. He aquí tres pasajes tomados de los evangelios que contienen mensajes centrales o revelaciones divinas que te ayudarán en los altibajos de la vida. Reflexiona sobre ellos y fíjate si van de acuerdo con tus creencias. 

“Y la palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”. Juan 1:14

Cuando escuchamos este pasaje es fácil pensar en el niño Jesús envuelto en pañales y acostado en un pesebre. A pesar de esto, conviene recordar que la palabra habita en medio de nosotros de muchas otras misteriosas maneras, y a través de modos eficaces. Cada vez que la esperanza triunfa sobre la desesperanza, cada vez que la gente decide perdonar en lugar de odiar, cada ocasión que una persona enfrenta la ira con amor,  y cada vez que la gente elige la ?honestidad en lugar de la mentira, o la vida en vez de la muerte, vemos una evidencia de que Jesús habita en medio de nosotros.

La lección clave que aquí surge es que Dios está más cercano a nosotros de lo que podemos imaginar. Seguramente, Dios es totalmente otro, trascendente, majes-tuoso, y está más allá de nuestra imaginación. Aun cuando todo esto sea verdad, Dios está presente en nuestras mesas, camina por ?nuestros corredores, escucha ?nuestros gritos, conoce nuestras alegrías, y está tan cercano a nosotros como el aire que respiramos. La lección de este misterio es que, no solamente podemos mirar a Dios en los cielos o detrás de las puertas veladas del sagrario, sino que también podemos sentir su presencia en nuestro trabajo, en nuestro hogar, con nuestros vecinos, y en la asamblea con la que celebramos la Misa Dominical. Dios escoge estar con nosotros. Nuestro desafío consiste en cultivar la habilidad para reconocer a Dios en los momentos ordinarios de nuestra vida, a través de la oración, la conciencia y el modo como actuamos.

“Vengan, benditos de mi Padre. Hereden el reino preparado para ?ustedes desde la creación del mundo. Porque yo estuve hambriento y me dieron de comer”.  Mateo 25:34 – 35

Cualquier persona quiere conocer cuál es el fin y el propósito de la vida, y cómo seremos juzgados al final de ella.  La gente del tiempo de Jesús tenía la misma curiosidad. Jesús tuvo mucha claridad sobre este asunto. Enseñó que si quieres entrar al Reino, debes alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, atender al enfermo, visitar al prisionero, y honrar al difunto. Las buenas noticias para los padres de familia consisten en que estamos llamados a hacer muchas de estas tareas básicas día con día. Si aprendemos a realizar estas tareas ordinarias con la intención de amar y con la conciencia de que nuestras acciones de servicio, aunque pequeñas, son mucho más de lo que aparentan pues conducen a un estilo de vida que es eterno.

“Mientras él estaba todavía lejos, su padre consiguió verlo y se enterneció. Él corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó”. ?Lucas 15:20

De entre todas las parábolas de Jesús, el relato del hijo pródigo ofrece quizás la novedad más ?radical y la descripción más impactante acerca de Dios. Durante muchos años la gente ha sido animada por esta manifestación de la prontitud con que Dios perdona. El Padre veló durante mucho tiempo, solamente esperando a que su hijo regresara a casa. Jesús revela que Dios ?siempre nos perdona. El perdón no es algo que conseguimos de Dios a través de halagos o por medio de chantajes como lo hacen los niños caprichosos. Dios nos invita continuamente a alejarnos del pecado y a tomar el camino hacia la vida verdadera y hacia nuestro verdadero hogar. Dios viene corriendo por el camino para abrazarnos, y nos encuentra más allá de la mitad del camino. La vida nos ofrece multitud de oportunidades para equivocarnos y pecar. Este pasaje nos asegura que por mucho que nos pudiéramos haber extraviado, Dios se “muere de ganas” esperando nuestro regreso. Esta es una historia para vivirse.