Oración verdadera para gente verdadera

Oración verdadera para gente verdadera

Recientemente una amiga me dijo: “No puedo orar, no soy buena para eso”. Lo que realmente quiso decir fue que su experiencia de oración no iba de acuerdo con lo que esperaba de la oración. Pensó que la oración siempre sería reconfortante, serena, y que la inundaría de paz. “Cada vez que intento orar -dijo, mi mente está llena de distracciones, preocupaciones y sentimientos encontrados”.

Su problema no es su capacidad de orar, sino más bien, su concepto acerca de lo que debe ser la oración. La verdad fundamental de todo esto es que la oración tiene muchos rostros, y la llegada de distracciones y molestias no son un signo de que ha fallado, sino que son parte de la realidad de la oración. En su libro Everything Belongs: The Gift of Contemplative Prayer (Todo pertenece: el regalo de la oración contemplativa), el sacerdote franciscano Richard Rohr escribe: “Cuando Jesús es guiado por el Espíritu al desierto, lo primero que aparece ante él son las bestias salvajes (Marcos 1:13). Ante todo, la contemplación no es una consolación, es una realidad”.

He aquí tres consejos provenientes de gente ordinaria para gente ordinaria, gente de la que quizá no hayas oído hablar mientras crecías:

  1. Las distracciones son normales durante la oración. No te preocupes por alejarlas de ti, déjalas que se vayan, sólo despégate de ellas. Obsérvalas sin emitir juicio alguno, y después, deja que Dios se quede con ellas. Al final, estas distracciones no tendrán ningún efecto.

     

  2. Los pensamientos y emociones preocupantes durante la oración, de ninguna manera son una falla. Jesús nos urgió a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, y con toda la mente. Nuestro coraje, nuestras heridas, e inclusive nuestra desesperación, son bien recibidos por Dios. Trae a la presencia de Dios todas esas realidades y él las redimirá, pues a él pertenecen.

     

  3. La meta de la oración no consiste en convencer a Dios de tus bondades, sino en presentarte ante él tal como eres. Cuando ores, preséntate ante Dios tal y como eres. Dios conoce lo bueno y lo malo de nosotros y a pesar de eso nos ama. Dios no está muy interesado en la perfección de nuestro comportamiento, sino en el amor y la confianza que hay en nuestro corazón.

Recuerda siempre que en la oración la continuidad lo alcanza todo. Aun cuando sientas que no pasa nada o que no estás avanzando, con el paso del tiempo la oración continua te acercará más a Dios y a tu ser verdadero.


de Encontrando a Dios: boletín para padres de familia