Cuatro maneras de invitar a Dios a tu vida

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Cuatro maneras de invitar a Dios a tu vida

En cierta ocasión participé en un retiro espiritual y una persona me dijo: “he llegado a creer que Dios no nos empuja a hacer las cosas. Aunque nos ofrece una gran cantidad de invitaciones y recordatorios, no irrumpe en nosotros por la fuerza. Espera a que lo invitemos”. Poco después de aquel intercambio, nos dirigimos a la capilla donde el director del retiro leyó en voz alta la parábola del Hijo pródigo. Me di cuenta de que en este clásico relato de la naturaleza divina, el padre no acosó a su hijo para que regresara a casa de inmediato. Esperó hasta que su hijo decidiera regresar. Tan pronto como el hijo hizo el primer intento de regresar, su padre corrió hacia él con los brazos abiertos.

Si sientes que Dios no está tan presente en tu vida como te gustaría, te presento cuatro maneras sencillas de invitarle a que esté contigo.

  1. Comienza tu día con una invitación
    Si tus intenciones son buenas, el resultado natural de éstas es que la vida te ofrece más resultados de los que esperas. Por lo tanto, mantén tus buenas intenciones invitando a Dios cada mañana a que sea parte de tu vida. Te darás cuenta de que al invitar a Dios tienes menos probabilidades de tomar el camino equivocado, y cuando lleguen los problemas, te sentirás fortalecido por la fuerza y compasión divinas.
     
  2. Pide ayuda
    Si estás preocupado por un desafío que se avecina, invita a Dios por adelantado. Dile: “Dios mío, te pido que estés conmigo mientras enfrento este desafío. Ayúdame a mantener la calma y la concentración. Así sea”. Al pedir la ayuda de Dios e imaginar que Dios está presente contigo, te abrirás a la gracia divina que te rodea, durante y después que se avecine el evento. 
     
  3. Sé conciente de la obra de Dios
    Pon atención a la naturaleza, que en sí misma es una evidencia amplísima de la presencia de Dios. Independientemente de lo que haya frente a tu puerta, la naturaleza tiene mensajes espirituales muy importantes para ti. Puede ser la estabilidad de las montañas, la generosidad de la tierra, o la simplicidad de una planta que crece en la grieta de tu banqueta. Abre tu corazón a la naturaleza y te darás cuenta de que la vida divina fluye a través de ella. 
     
  4. Silénciate
    El balancear el activismo diario con un momento de silencio permite que Dios hable a nuestro corazón. Hay muchas maneras por medio de las cuales puedes añadir momentos de silencio a tu día. Apaga el radio mientras conduces tu auto o haz a un lado el periódico mientras vas en el autobús rumbo a tu trabajo. Aprovecha un momento de silencio mientras esperas a que reparen tu carro, antes de que comience una reunión, o antes de entrar al consultorio del doctor.

    Aprovecha la tina del baño, agrega un jabón relajante y goza ese momento de silencio. ¿Quién dijo que la oración debe ser algo doloroso?


de Encontrando a Dios: boletín para padres de familia