Levántate y sana

Levántate y sana

Un domingo nuestro párroco anunció que esa misa sería una misa de unción y por consiguiente, invitó a la gente necesitada de sanación a que pasara al frente para recibir la unción y bendición. En cuanto a mí, he de admitir que jamás había sido parte de una misa de unción, así que con un interés muy peculiar me reacomodé en la banca y me dediqué a observar a la gente.

Tal y como lo esperaba, las primeras personas que se acercaron fueron unos ancianos. También vi a una mujer madura que estaba usando una pañoleta, a un joven que iba en muletas y a una niña discapacitada que se desplazaba en su silla de ruedas. Hubo una pausa ligera y después me sorprendió alegremente el ver a una mujer de mi edad que también se acercaba para recibir la unción, después dos personas más, y así hasta que decenas de personas adultas, jóvenes y niños, engrosaban las filas. Me dije para mí mismo: “¡No es posible que todas estas personas estén enfermas!”

Después, la invitación de mi párroco me caló en lo más profundo de mi ser: “quienquiera que necesite sanación en el cuerpo, la mente o el espíritu” pase a recibir la unción. Repentinamente, se me vinieron a la mente las lamentaciones, heridas y el dolor experimentado en mi vida tan ordinaria, fue así que me di cuenta de que también necesitaba la unción y aquellas palabras de sanación. Mi corazón comenzó a latir más fuerte mientras me puse de pie y me uní a la procesión. Al caminar, además de experimentar el dolor propio, me sentí ungida por un bálsamo de gratitud al reconocerme necesitada de la sanación, antes de que fuera demasiado tarde.

Después reflexioné en los relatos de sanación que aparecen en los Evangelios y me di cuenta de que en cada uno de ellos la persona que necesitaba algún tipo de sanación, tuvo qué reconocerlo y después pedir ayuda. A partir de entonces, una de mis oraciones ha sido precisamente esa, el ser consciente de mis propias rupturas para así pedirle a Dios que me sane. Y hasta el día de hoy, tarde o temprano, siempre han sanado mis heridas.