Santo Domingo Savio 1842 1857

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Santo Domingo Savio, 1842-1857

Como padre de familia que ha aguantado la adolescencia de siete hijos, estoy convencido de que la noción del  "santo adolescente" simplemente no existe. Sin embargo Domingo Savio es una excepción notable que me demuestra que estoy equivocado.  A los quince años ya tenía una madurez espiritual un compromiso y un equilibrio mayor que los de muchos santos adultos.  Una prueba auténtica de la santidad de Domingo era la alegría que se expresaba en su maravilloso sentido del humor.  A los doce años, Domingo quedó bajo el cuidado de Juan Bosco en su oratorio de Turín. Don Bosco inmediatamente se dio cuenta de las extraordinarias cualidades del niño y le fue formado cuidadosamente  en la vida cristiana. Domingo se sometía a severas mortificaciones  pero el sacerdote le prohibió cualquier penitencia sin permiso. También insistió en que Domingo se divirtiera junto con los demás niños.

Domingo sobresalió rápidamente como líder entre sus compañeros. Inspiró a muchos más jóvenes con las historias que contaba. Su amistad ayudó a muchos adolescentes a ajustarse a los principios cristianos. Domingo también organizó la Compañía de la Inmaculada Concepción, un grupo de adolescentes que ayudaban en cualquier cosa que se necesitara aunque fuera algo muy servil,  ayudó a los muchachos inadaptados a sentirse en casa en el oratorio de Don Bosco. En 1859, cuando Don Bosco fundó a  los Salesianos, quiso a todos los miembros de la Compañía para el primer grupo. Todos excepto Domingo Savio. Porque el joven fue víctima de una tuberculosis que de acuerdo con un reporte  médico, le hizo desangrarse. Murió en casa de sus padres en 1857. 

La religión debe ser como el aire que respiramos, pero no cansemos a los niños con penitencias y demasiadas devociones… La penitencia que Dios quiere es la obediencia donde hay mucho qué hacer especialmente manteniéndose alegres frente al calor, el frío, la enfermedad y las molestias  que nos causan los demás. Los niños se mortifican en la escuela y en la vida misma.

— San Juan Bosco