Los dos momentos más memorables de la Biblia tienen lugar en torno a una comida compartida. En Éxodo 12 encontramos la descripción de la Cena Pascual judía, cuando los hebreos se reunieron para compartir una sencilla comida en anticipación de las obras que Dios iba a realizar por ellos. Hoy en día la comunidad judía rememora cada año esa comida para recordar lo que Dios ha hecho y celebrar la protección continua de Dios hasta nuestros días. En el Nuevo Testamento vemos cómo Jesús celebra la Cena Pascual con sus discípulos. Jesús le da a esta cena un significado nuevo al ofrecerse a sí mismo como alimento para la jornada. Cuando celebramos la Eucaristía estamos siguiendo el mandamiento de Jesús, quien dijo: “Hagan esto en memoria mía”.
Piensa en las diferentes maneras en las que celebramos comidas hoy en día. Cuando un familiar se va a marchar de la casa o cuando regresa tras haber estado un tiempo fuera; cuando hay acontecimientos importantes en nuestra vida, como bodas, bautizos, quinceañeras y graduaciones; cuando damos la bienvenida a los recién nacidos a nuestra familia. Las comidas son oportunidades para crear y revivir recuerdos. Por ello no es un accidente el que cuando Jesús quiso que recordáramos el don de sí mismo, él nos diese ese don precisamente durante el transcurso de una comida.
La hora de comer es una oportunidad natural con la que podemos ayudar a nuestros hijos a entender la Eucaristía: