En cierta ocasión participé en un retiro espiritual y una persona me dijo: “he llegado a creer que Dios no nos empuja a hacer las cosas. Aunque nos ofrece una gran cantidad de invitaciones y recordatorios, no irrumpe en nosotros por la fuerza. Espera a que lo invitemos”. Poco después de aquel intercambio, nos dirigimos a la capilla donde el director del retiro leyó en voz alta la parábola del Hijo pródigo. Me di cuenta de que en este clásico relato de la naturaleza divina, el padre no acosó a su hijo para que regresara a casa de inmediato. Esperó hasta que su hijo decidiera regresar. Tan pronto como el hijo hizo el primer intento de regresar, su padre corrió hacia él con los brazos abiertos.
Si sientes que Dios no está tan presente en tu vida como te gustaría, te presento cuatro maneras sencillas de invitarle a que esté contigo.
Aprovecha la tina del baño, agrega un jabón relajante y goza ese momento de silencio. ¿Quién dijo que la oración debe ser algo doloroso?
¡Un nuevo recurso bilingüe!
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