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Santas Perpetua y Felicidad

Santa Perpetua escribió un diario durante sus últimos días, mientras esperaba su ejecución. Su diario, junto con un relato de un testigo de su muerte, es una de las historias más antiguas y más confiables de sufrimiento de un mártir. Esta historia se contaba para alentar a otros cristianos a ser testigos de Cristo con sus vidas y para enseñar a otros que el conocimiento y la lealtad a Cristo son mayores que la vida misma.

 La historia de Perpetua narra los acontecimientos que tuvieron lugar en Cartago, África, en el año 202, cuando el emperador Severo emitió una ley anticristiana, prohibiendo a cualquier persona bautizarse y, por lo tanto, convertirse al cristianismo. En ese momento Perpetua tenía 20 años y era catecúmena, es decir, estaba estudiando para convertirse al cristianismo, además tenía un bebé. A Perpetua la arrestaron junto con otros cuatro catecúmenos, incluyendo Felicidad, su esclava, que estaba a punto de dar a luz. Todos fueron juzgados y condenados a ser arrojados a las bestias salvajes en el anfiteatro durante una fiesta nacional. Su muerte estaba programada junto con otros eventos deportivos y varios juegos. 
Durante los días previos a su ejecución, su catequista Saturno se unió voluntariamente a los catecúmenos para morir con ellos por Cristo. El padre de Perpetua, un rico pagano,  le insistió para ofreciera sacrificios a los dioses paganos y así librarse de la muerte, pero ella se negó rotundamente y le dijo: “Padre, ¿ve esta jarra de agua que está aquí? ¿Podría llamarle con otro nombre que no sea jarra? Pues bien, de la misma forma yo no me puedo llamar algo que no soy: una cristiana”.

 Mientras que estaban esperando la muerte, Perpetua y sus compañeros fueron bautizados. Poco antes de la ejecución Felicidad dio a luz a una niña. Al oír los gritos por el dolor de parto un soldado comenzó a burlarse: “¿Cómo te lamentarás entonces cuando te estén destrozando las fieras?” Felicidad replicó llena de fe y de dignidad: “¡Ahora soy yo quien sufro; en cambio, lo que voy a padecer no lo padeceré yo, sino que lo sufrirá Jesús por mí!”.

El  día de la ejecución, los mártires dejaron su prisión "con alegría como si estuvieran de camino al cielo"  entraron en la arena, donde murieron ante una multitud enardecida. Perpetua y Felicidad fueron decapitadas;  a los demás los echaron a las bestias salvajes. Hoy en día estas dos mujeres se mencionan en la Plegaria Eucarística 1.

Tomado de: Saints Kit © 1994 Loyola Press
 


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